Oración
Vivimos la oración como un encuentro personal y comunitario con Dios, donde aprendemos a escuchar su voz, dejarnos transformar por Él y caminar unidos como familia espiritual.

Familia de Magdala
A través de la oración, la formación y el apostolado
Remar mar adentro
La Familia de Magdala es una comunidad inspirada por la experiencia de Tierra Santa y Magdala que lleva al Encuentro con Dios y se compromete con la extensión de su Reino en el mundo.
Únete a la Familia
Es una llamada a embarcarse con Cristo en una aventura de oración, formación y apostolado.
Vivimos la oración como un encuentro personal y comunitario con Dios, donde aprendemos a escuchar su voz, dejarnos transformar por Él y caminar unidos como familia espiritual.
Profundizamos en la fe desde la experiencia de Tierra Santa y Magdala para conocer más a Cristo, comprender el Evangelio y las raíces de nuestra fe, e iluminar la vida desde la mirada de Dios.
Nos comprometemos con la extensión del Reino de Dios a través del servicio, el voluntariado, la evangelización y el testimonio cotidiano, compartiendo con otros lo recibido en Magdala.
Voluntariado en Magdala
Voluntariado virtual
«Con solo tocar su manto, quedaré sana»
Tocando el Manto es una experiencia de encuentro con Jesús que nace del gesto evangélico de la hemorroísa que, en medio de su sufrimiento, se acerca con fe y toca el manto de Cristo para ser sanada. (cf. Mc 5,25-34 / Mt 9,20-22 / Lc 8,43-48)
“Tocando el Manto” fue la forma como muchas personas se encontraron con Jesucristo y su poder sanador. Haciendo eco de esa experiencia, la Familia de Magdala propone hoy la formación de grupos y actividades de oración con ese nombre, como una manera concreta de acercarnos a Él, presentar nuestras necesidades y dejarnos sanar por su amor.
En la capilla del Encuentro de Magdala revivimos la experiencia de muchas personas que tocaron el manto de Jesús y la Familia de Magdala ofrece hoy esta experiencia con los grupos “Tocando el Manto”, donde puedes orar, formarte y hacer el bien.
Estos grupos pueden nacer allí donde haya personas con deseo de orar juntas, en una casa, una parroquia, una comunidad o de forma virtual, porque, como dice Jesús: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20).

Da el primer paso para comenzar un grupo “Tocando el Manto” y lleva esta experiencia de oración y encuentro a tu comunidad.
129 grupos en 5 zonas, acompañados por sus responsables y coordinadores.
18 grupos
31 grupos
35 grupos
17 grupos
28 grupos
Equipo de Formación: Rocío Ledesma · Angélica Flores · Susana Luna

Acércate con fe
Todo lo que tu grupo necesita para vivir el encuentro, inspirado en la Capilla del Encuentro de Magdala.

Encuentro anual de la Familia de Magdala
Rabbuní es un encuentro anual inspirado en Tierra Santa, con la espiritualidad de Magdala y en torno a María Magdalena, que nace como preparación espiritual hacia el Jubileo de la Resurrección en el año 2033. Dirigido a gente joven y gente de corazón joven, reúne a peregrinos de todo el mundo para vivir un encuentro con Cristo a través de las 4C’s: Canta, Camina, Celebra y Comparte.

Durante mucho tiempo pensé que caminaba sola. La soledad se había convertido en parte de mi vida, hasta que Dios me llevó a la Familia de Magdala. Allí no solo encontré personas que me recibieron con amor, sino hermanos que me recordaron que siempre había tenido un lugar en el corazón de Dios. Magdala no cambió solo mis días; cambió mi manera de vivir la fe. Hoy sé que pertenezco a una familia que camina unida hacia Cristo.

Ser parte de mi grupo Tocando el Manto me ha hecho descubrir que mi vida tiene una misión: llevar el amor y la misericordia de Dios a cada persona que Él ponga en mi camino. Dondequiera que esté, mi compromiso es caminar hacia el cielo y ayudar a que muchas almas se acerquen al Señor.

Después de vivir la pérdida de varios seres queridos, mi corazón quedó lleno de dolor y vacío. Pensé que esas heridas nunca sanarían, pero Dios, en su infinito amor, me llevó a un encuentro de fe donde poco a poco restauró mi corazón. En la Familia de Magdala encontré consuelo, esperanza y hermanos que caminaron conmigo. Hoy agradezco porque descubrí que el amor de Dios es más grande que cualquier ausencia y que, en Él, siempre hay vida nueva.